El pasado viernes cuando salí de ver Zodiac, comprendí que me encontraba ante la primera obra maestra del 2007. Es cierto que soy un especial admirador de David Fincher (Seven, The Game, El Club de la Lucha, La habitación del pánico -e incluso Alien 3, que creo que soy de los pocos que la apreciaron- son películas fascinantes), pero es que su obra es maravillosamente poderosa, original y revolucionaria en muchos sentidos.
En su nueva película, que nada tiene que ver con Seven, aunque haya sido comparada, y que calificaré de thriller periodístico, se recogen multitud de datos que te obligan a prestar atención las 2 horas y media de metraje, sobre las andanzas de uno de los asesinos en serie más famosos de la histora de EEUU, y durante los cuales se trata al espectador con inteligencia, con respeto y sin ningún tipo de manipulación que nuble el juicio del mismo.
Las interpretaciones son soberbias de todo el reparto (Gylenhall, Ruffalo, Downey Jr, Sevigny, o Philip Baker Hall), destacando especialmente y con luz propia Jake Gylenhall, actor principal de otra obra maestra como es Donnie Darko.
La dirección de Fincher es depurada y moderna (ver la escena en la que las anotaciones de Zodiac se ven sobreimpresas en la pantalla, o el montaje inicial de Greysmith acudiendo al trabajo al tiempo que la primera misiva de Zodiac hace su recorrido correspondiente, o los primeros planos que utiliza en diversos diálogos, como en el interrogatorio a Lee) y consigue filmar varias escenas, cuyo ritmo y tensión, se articulan como piezas de un reloj (al respecto, la inicial del asesinato en el lago, o la acontecida en el sótano de Vaughn).
Estas y otras escenas quedan en la retina mucho después del visionado de la película y convierten a Zodiac, como ya he dicho, en la primera obra maestra de 2007.










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